Candelalma no solo activa memoria: convoca cuerpo, palabra y creación. Estos talleres fueron portales donde la comunidad reencontró su origen a través del barro, el sonido, la geometría sagrada y la fermentación ancestral.
Cerámica Ritual:
Soy una Vasija de Barro
Un viaje hacia la forma original
En este taller, cada participante se convirtió en creador y creado.
El barro —la Yba, la piel de la tierra— guio las manos para recordar que todo ser es una vasija donde se guarda la memoria.
A través del modelado ancestral, se reconoció:
El cuerpo como recipiente de espíritu.
El barro como maestro que enseña paciencia, fuerza y entrega.
El acto de crear como acto de recordar.
El fuego cerró el ciclo, llevando cada pieza al renacer.
Así, cada vasija se convirtió en un símbolo vivo de identidad y propósito.
El tiempo no es una línea: es una espiral.
En esta experiencia se unieron los saberes del Tzolk’in maya y el Zhybyn Mhuysqa, revelando cómo ambos pueblos entendieron los ritmos de la vida.
Este taller permitió:
Reconectar con el día de nacimiento como sello energético.
Comprender la rueda del tiempo como guía espiritual.
Reconocer sincronías, propósitos y caminos personales.
Tejer, con hilo y palabra, la geometría invisible que sostiene el mundo.
Cada participante tejió su propio símbolo, creando un talismán para su camino.
Geometría de Sonido
en el Cuerpo
La vibración como medicina
El cuerpo fue abordado como un templo resonante.
A través de cuencos, cantos ancestrales y frecuencias rituales, los asistentes experimentaron que:
El sonido abre memoria.
Cada órgano posee un tono.
La vibración libera, ordena y sana.
Este encuentro fue un acto íntimo de escucha profunda hacia dentro de uno mismo, conectando con la sonoridad del territorio.
Taller de Chicha:
Fermento Vivo de la Memoria**
La chicha, bebida sagrada, fue abordada como maestra y medicina.
Se exploró su proceso:
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La elección del maíz.
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La activación del fermento.
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El sentido ritual de compartir la bebida.
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Su relación con la comunidad, la siembra y la celebración.
Los participantes prepararon su propio fermento, comprendiendo que cada burbuja es un latido ancestral.